Solsticio de Invierno-Los orígenes

...Llegué al mundo un catorce de Enero, allá por el año 1963 . Mi padre supo de mi existencia cuando se iluminó el letrero de hombrecito en la sala de espera de la Clínica Central, ubicada en la calle San Isidro,  a cuadras del Cerro Santa Lucía, en Santiago de Chile.

 

 Mi padre, Jaime, bordeaba por aquel tiempo los 20 años y estudiaba Ingeniería Química en la Universidad  Técnica del Estado, además de trabajar en el Laboratorio Chile, un laboratorio farmacéutico que se ubicaba por aquellos años en la calle Ecuador, cercano al barrio de la Estación Central, la estación de ferrocarriles de la capital. De cabellos oscuros, aspecto adolescente, en la mayoría de las ocasiones impresionaba de menor edad. Su aspecto delgado y su peinado engominado hacían recordar a James Dean, la estrella del cine norteamericano trágicamente fallecida, y quien se había convertido en el ídolo de muchos jóvenes adolescentes de aquellos tiempos. Su padre, Julio, era carabinero, carpintero, amante del vino tinto, el guitarreo y de los mariscos. Era el quinto hijo vivo de un total de seis. Su madre, Elbia, cariñosa, alegre, de carácter fuerte, comenzaba a luchar en contra de la Artritis Reumatoide, enfermedad que la derrotaría en los inicios de los años 70.

 

Mi madre, Margarita, tenía por aquel entonces casi 20 años. Hermosa, pecosa, de ojos pícaros y a veces tristes, de silueta perfecta y de cabellos castaño claro. A los seis años había perdido a su padre, producto de la Tuberculosis. Mario, carabinero y amante de los buenos vinos y la buena mesa, había partido tempranamente dejando una joven viuda, María, y cuatro pequeños hijos: Guillermo, Hugo, Blanca y Margarita. Mi madre se convirtió entonces en el brazo derecho de mi abuela para aprender la profesión que ejercería de por vida: dueña de casa.

 

Mis padres se conocieron en la calle Thompson, en el barrio de la “Pila del Ganso”, una pileta que en el centro tenía la escultura de un ganso que echaba agua por su pico, a calles de la Estación Central de la capital. Mi padre vivía al frente de una tía de mi madre, Angela, y a través de las miradas furtivas desde los amplios ventanales de las viejas casonas y de las conversaciones callejeras había surgido el amor único y definitivo. Se comprometieron en matrimonio, con la negativa inicial de mi abuela materna , un 18 de Septiembre, la fiesta de nuestra Independencia Nacional. Fueron capaces de vences todos los obstáculos para, finalmente, imponer su amor:   se casaron un 17 de Febrero, allá por el año 1962.

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