Solsticio de Invierno-Los personajes influyentes de mi primera infancia

No puedo dejar de recordar a aquellos personajes que desde mi nacimiento hasta los 10 años me marcaron con su presencia, sus palabras y vivencias compartidas, en lo más profundo de mi ser...

 

Mi abuela Elbia, la madre de mi padre, era encantadora. La recuerdo siempre sonriente, hablando con un tono elevado, abrazándome, acariciándome, atendiéndome, contándome sus anécdotas, persiguiendo a mi abuelo por los pasillos, acompañándome a ver televisión, mostrándome su diploma enmarcado... De ella aprendí el humor y la ironía; el hablar fuerte y claro; la necesidad del afecto y del contacto físico; el amor incondicional de la madre y el apego por la tradición.

 

Mi abuelo Julio, el padre de mi padre, era un cascarrabias. Lo recuerdo siempre enojado, discutiendo con mi abuela o con mi tía Silvia; alzando una copa de vino; llevándome de la mano por las calles cercanas de la casa familiar para adentrarnos en los aromas y escenarios de los boliches clandestinos del barrio, temerosos de la intempestiva aparición de mi abuela...Lo recuerdo compartiendo siempre de su copa y de su bolsillo, recordándo sus viejas anégdotas en Curicó o como carabinero. De él aprendí la incondicionalidad y la fidelidad por la mujer amada; el gusto por una buena copa, por una conversación con amigos; la sinceridad y la intimidad de las conversaciones entre hombres; el respeto por los uniformados; el amor a la tierra que nos vió nacer y el  valor de la vida sencilla y austera.

 

Mi tío Edmundo es el tercer hermano mayor de mi padre. Por aquellos tiempos lo recuerdo alto, distinguido, progresista y liberal, locuaz, trabajando en Endesa, con su voz remeciendo los espacios, siempre asertivo, con el chiste y la talla a flor de labios, manejando su Hudson, participando en las competencias de automovilismo de regularidad, llevándome de paseo a visitar las centrales hidroeléctricas, siempre cariñoso y exigente de expresar mi masculinidad... De él aprendí el cariño y lealtad por los amigos; el amor a la buena mesa; el placer del baile en pareja; el gusto por la música; el placer de viajar y conocer nuevos paisajes; el gusto por los debates; el valor de las ideas y el respeto por el que piensa distinto; el amor por la justicia, la solidaridad y la responsabilidad social por aquellos que tienen menos; el valor de las lealtades familiares y el placer de la diversión en familia.

 

Mi mejor amigo  de la infancia se llamaba Carlos. Lo conocí en el autobús que nos trasladaba por primera vez al Kinder del Instituto Anglo-Chileno. Vivía a una cuadra de mi casa. Su padre, Luis, era constructor civil. Su madre, Rosa, muy parecida en su forma de ser a mi madre. Tenía tres hermanos: Rosa, Luis y Pamela. Me invitó a su cumpleaños de cinco años un día domingo de Agosto. Desde allí compartimos durante cinco años casi todos los días. Lo recuerdo locuaz,  entretenido, leal, bueno para la pelota, sociable, cariñoso, moreno, crespo y comunicativo. De él aprendí el valor de la amistad; la importancia de la buena comunicación entre los que se quieren; el apego a los rituales familiares; el valor de la verdad; el valor del trabajo en equipo; la importancia del liderazgo; el gusto por los asados familiares, los paseos familiares y la lectura; el placer de una siesta; el gusto por el ping-pong y el juego de paletas;  la importancia del lenguaje, los modales, el perfume, la vestimenta y la manera de bailar para conquistar a una mujer; y el valor del optimismo, el humor y la amistad para enfrentar las dificultades de la vida.

 

La tía Patricia, mi profesora básica, fue la primera mujer, después de mi madre, a la que quise como se quiere a los 7 años. La recuerdo con sus largos cabellos trigueños, que le llegaban hasta su mini falda, sus largas y hermosas piernas, sus ojos almendrados, su piel blanca, su aroma, sus labios, su voz dulce..De allí aprendí a reforzar mi condición heterosexual, a disfrutar de la belleza femenina, a respetar a las mujeres como seres complementarios a nosotros los hombres y, finalmente, a descubrir mi lado artístico, ya que ella me incentivó a descubrir el teatro, la música y el baile.

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS
Cerrar