Solsticio de Invierno-Vientos y cenizas de guerra

Corría el año 1970 y el mundo perfecto de la primera infancia se rompió en medio del conflicto y la lucha fraticida que invadió cada rincón del corazón de los chilenos y de la Patria misma.

 

Por aquellos tiempos mis padres se trenzaban en discusiones de pareja, muchas de las cuales terminaban en portazos, insultos, huídas o con las golpizas correspondientes a nosotros, las víctimas inocentes, los hijos.

 

En las reuniones familiares, mi madre discutía airadamente con mis tíos Mario, Edmundo y Eric por la llegada al poder de la Unidad Popular, la alianza socialista-radical-comunista que llevaría a la presidencia al Doctor Salvador Allende. Las posiciones se habían radicalizado y el clima de enfrentamiento rompía la armonía que había caracterizado a la familia en los años previos.

 

De aquella época recuerdo las largas filas de personas para conseguir una canasta de alimentos básica, el pan o un pollo; los enfrentamientos callejeros entre bandos políticos opuestos; los apagones y bombazos; los debates políticos apasionados en el canal 13; las marchas estudiantiles; las bombas molotov y las lacrimógenas; la intranquilidad, la inseguridad y la frustración acumulada y transformada en violencia  de muchos chilenos; las tomas de terreno; los cordones industriales y los actos masivos con rock y música chilena en apoyo a Allende.

 

En Febrero de 1972 falleció mi padrino Guillermo de una hemorragia digestiva. Él era el hermano mayor de mi madre. Trabajaba en el Dpto. de Publicidad de Calzados “Bata, S.A.”. Padre ejemplar, amigo de la buena mesa, del buen humor, del baile y los colores. Al morir dejó una viuda joven, Marta, mi madrina, y a tres pequeños hijos: Guillermo, Mario y Marta. Con su partida la familia de mi madre ya no fue más la misma...Con él se fueron las fiestas familiares, la risa, la música y los tiempos compartidos...

 

En 1973 dejaba el colegio Anglo-Chileno para ingresar a mi nuevo colegio: el Instituto Alonso de Ercilla de los Hermanos Maristas. Colegio conservador, en él había un número importante de hijos de uniformados por lo que las marchas militares, los rayados de “Patria y Libertad”,un movimiento militarista nacionalista que buscaba derrocar a Allende, y los rumores de insurrección militar abundaban.

 

Del Golpe Militar de Septiembre de 1973 sólo recuerdo algunos detalles: que en nuestro colegio no tuvimos clases porque se sabía que “algo” pasaría; que mis hermanos que estaban aún en el Anglo-Chileno tuvieron clases y que mi madre los tuvo que salir a buscar; que mi papá se devolvió del trabajo porque habían militares en el cordón de empresas tomadas en el sector de Vicuña Mackenna, al sur de la capital; las marchas militares y la música chilena por algunas radioemisoras; el discurso histórico de Allende; el bombardeo del Palacio de La Moneda; las balaceras, las escapadas por los techos y los muertos en las calles; los reportajes de Claudio Sanchez en el canal 13; los allanamientos; la detención de mi padre; la búsqueda que de él hicimos con mis hermanos y con mi amigo Carlos hasta encontrarlo en un campo de concentración; las balaceras y los gritos nocturnos y el interminable toque de queda.

 

Con el fin de la democracia, en medio de los años mas severos de la dictadura militar y la muerte prematura de mi abuela Elbia la pena, la desconfianza y el miedo invadieron  la vida pública de mi Patria y la vida privada de mi Familia.

 

Entre 1970 y 1978 todo se volcó a lo íntimo: los niños nos dedicábamos a estudiar, los padres a trabajar en la “Reconstrucción Nacional”; nunca más se habló de política, ni se volvieron a ver a los políticos; aparecieron los “Comedores Infantiles”, organizaciones de católicos que entregaban almuerzo a personas necesitadas y en las que participaban mis padres; en todos los medios de comunicación oficiales se hablaba de patriotismo y de anti-comunismo; había que llegar temprano a casa por el toque de queda y el tiempo compartido en familia era mayor...Pero había un ambiente de pena y miedo que todo lo penetraba.  La desconfianza por el vecino reinaba, también hacia los del otro lado de la cordillera.

 

En 1978 todos nos preparabamos para la guerra contra nuestros vecinos argentinos...

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